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Reflexiones cotidianasMaternidad
Vuelvo a ser yo

Debo confesar que lo de estar muy hormonal ya se me está pasando. No sé bien si será por la homeopatía (la doctora no lo dudaría) o si en efecto, estoy volviendo a la “normalidad” , a ser un poquito más yo o, como quien dice, “I’m back to myself”. Y esto parece estar sucediendo a raíz de que he dejado de amamantar a mi bebé y por lo tanto las hormonas, finalmente, se están normalizando (y bueno, está bien, también gracias a la homeopatía…).

En estos casi 12 meses de ser mamá pude experimentar el efecto embriagante y embrutecedor de las hormonas en su máxima expresión. Si hubiera empezado a escribir este blog hace unos 5 o 6 meses, hubiera sido muy evidente mi entonces estado psíquico y emocional. En efecto –y mi esposo puede corroborarlo– no he sido yo en los últimos 11 meses. Aunque no es nada nuevo que las mujeres estamos siempre batallando con los cambios hormonales creo, honestamente, que cuando eres mamá el bombazo es brutal: como si se tratara del coctel de estupefacientes más cabrones del mundo. En este coctel están mezcladas las hormonas que generan efectos de alegría ultra desbordante, las que te hacen sentir como el animal más fúrico (como un toro bufando o un chango que de estar pelando plátano se desquicia de la nada). Están las que te hacen parecer la más boba porque por todo lloras, o las que aniquilan tu memoria y provocan que no sólo se te olvide todo sino que no sepas ni qué hiciste hace una hora… Es brutal, las hormonas después del embarazo estuvieron para mí cañonas. Embarazada no me fue tan mal, honestamente no me sentí tan ridícula ni fúrica como me he sentido en estos 11 meses. Y todo se lo debo, por lo que he leído y me han explicado, a las hormonas desatadas por la lactancia (prolactina y oxitocina).

El estado de embriaguez hormonal tuvo sus pros y sus contras: lo malo, básicamente, era que ni yo misma pudiera controlar mis estados de ánimo tan cambiantes, y que eran tan extremosos que a veces ni yo me aguantaba. Lo positivo fue, tal vez, que estuve muy sensible a cada cambio en mi bebé y a todo lo que sucedía a mi alrededor. Puedo decir que me sensibilicé aún más que antes, que percibía el mundo desde un ángulo supra sensible y hasta más exquisito. Por eso, cuando Bernardo comenzó a destetarse por sí solo, y vi que pronto llegaría el día en que dejaría el pecho, me entró una nostalgia y una gran tristeza, y durante aproximadamente un mes, mientras seguía dando pecho a Bernardo por las noches, quise atrapar esos instantes para que no se me olvidaran nunca.

El recuerdo aún está “fresco”, y voy soltando y aceptando que poco a poco lo iré olvidando. No voy a extrañar, eso sí, estar como zombie a las 3 o 4 de la mañana, mientras doy pecho y ruego que se duerma el niño, pero sí extrañaré la seguridad con que le daba a mi hijo lo que, en ese momento, consideraba lo mejor que tenía para darle. “Chichi power” también se fue… el poder que tiene el pecho para calmar un llanto, estés donde estés, no tiene precio…

Ahora bien, volviendo al tema de que he vuelto a ser yo, en efecto creo que las hormonas se están estabilizando y ahora me siento menos voluble. No está mal. Pero debo confesar que, a ratos, extraño el efecto hormonal porque, como escritora, me alimento un poco del drama…

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