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Reflexiones
Lo más memorable del verano

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¡Hola! Tal vez algunos no lo sepan, pero mi familia paterna, toda, vive en Canadá. Mi papá nació ahí, y mis abuelos en Finlandia (de ahí mi apellido), aunque migraron a Canadá cuando eran muy jóvenes. Cada año, en verano, procuro ir a visitar a la familia, especialmente ahora que tengo dos hijos. Me gusta que mis niños crezcan conociendo sus raíces, que se sientan cercanos a su familia canadiense tanto como a la mexicana (un poco difícil, por la distancia, pero haremos la lucha). Pero además de cultivar la relación con la familia, me gusta que mis hijos experimenten el verano canadiense: en pleno bosque, en el cottage familiar, donde usualmente mis tíos y sus hijas (y sus familias) pasan largas semanas disfrutando el verano en contacto con la naturaleza.

 

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Así brillan los árboles y se cuela la luz del sol en los bosques de Canadá durante el verano…

 

Me encanta la sensación de aislamiento que me provoca estar en la cabaña de mis tíos: en medio del bosque se siente uno totalmente desconectado del mundo (aunque eso ya es imposible con la tecnología…). Es un break casi total de la rutina citadina y del ritmo del que uno viene. Recuerdo que la primera vez que conocí la cabaña ésta era mucho más pequeña. En aquella época no tenía tantas “amenidades” o comodidades como tiene ahora: por supuesto, no había internet, y lo único que nos conectaba con el mundo era un teléfono negro de disco, colgado a la pared (y que aún existe ¡y sirve!) y cuya línea se compartía con un vecino del bosque. Ni siquiera había baño dentro del cottage: tenías que caminar unos cuantos pasos afuera para llegar al outhouse o “baño exterior” (por no decir, la letrina – que en realidad eso es). Podrías pensar que no era tan incómodo, pero qué me dices de salir al baño a la mitad de la noche en pleno invierno, con una temperatura de 30 grados bajo cero… ya se imaginarán llegar ahí, con el frío y la nieve, y con la luz de la luna como única iluminación… Aún así, para mí era de lo más divertido y toda una aventura.

 

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El estilo de la cabaña de mis tíos es muy finlandés, con maderas claras y muchos materiales en crudo.

 

Hoy, la cabaña es enorme, tiene varias adiciones ¡y dos baños interiores padrísimos! La cocina es gigante y abierta –y es donde casi todo pasa–, y hay muchas áreas para disfrutar (terrazas exteriores y una techada, un gran family room, y hasta una regadera con vapor). Pero lo que permanece igualito es el sauna finlandés: una verdadera tradición entre mis antepasados. El sauna en Finlandia se construye a la orilla del lago (para los que tienen cabaña en el bosque) si bien muchos finlandeses tienen sauna en sus casas en la ciudad. Y es que en verdad, el sauna es parte de la vida cotidiana entre los escandinavos. La idea es soportar el máximo calor posible: un calor seco de entre 95 y 100 grados Centígrados. El sauna se construye todo con madera, y los finlandeses acostumbran darse ramazos con hierbas para desintoxicarse (a mí no me lo han hecho hasta ahora). También, la verdadera costumbre finlandesa apunta a meterse al sauna desnudos. Sí, des-nu-dos. Y luego, cuando ya no aguantas más el calor, tienes que salir corriendo hacia el lago y aventarte al agua para refrescarte – no importa si es verano… ¡o pleno invierno!–. Eso sí lo he experimentado (lo de meterse al agua en invierno, y también lo de nadar desnuda), y es una sensación increíble. En invierno, el lago se congela por lo que se tiene que hacer un enorme hoyo en el hielo y, cual osos polares, ahí se zambulle uno después del caluroso sauna… ¡ah!

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El sauna finlandés es básico para limpiarse de los malos olores, sobre todo después de un largo día de pesca.

 

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Ese “patito” que ven ahí es el famoso “loon” canadiense (el que aparece en las monedas de dólar y dos dólares), un ave acuática que hace un sonido hermoso por las noches.

Bernardo es fan del sauna, la experiencia le encanta y Bill, mi tío y el “gran jefe” de la familia Heikkilä, ya le entregó este año su diploma del sauna… (¡aguantar tantos grados tiene su chiste!). A Eugenia solo la metí un día y no la pasó mal, pero esperaré al próximo verano para que haga el ritual completo.

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Estar en un gran lago, en lugar del mar, es una forma distinta de pasar los días de verano…

 

Y bueno, además del sauna, en el día solemos jugar en el bosque a esconder objetos y dividirnos en dos equipos para ver cuál encuentra primero el objeto del equipo contrario. Los pequeños arbustos de moras me dejaron las pantorrillas llenas de rasguños pero ¡eran arbustos de moras!, qué increíble, ¿no? También jugamos mucho juegos de mesa, o simplemente salimos a caminar en el bosque o a visitar a los vecinos que siempre organizan por estas fechas una reunión del maíz. Sí, elotes amarillos asados (y más comida, claro está).

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Bernardo estaba encantado viendo a sus primos pescar, ¡miren el tamaño de ese pez!

 

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…aunque donde ya no quisimos ver, Bernardo y yo, fue cuando tocaba “preparar” al pez para la cena… “Mamá, ¿por qué lo matan? ¡Es un ser vivo!” me decía Bernardo… 

¿Qué más hacemos? Bueno, los niños pueden ver películas en la tarde-noche, mientras los adultos descansamos –al fin– en una de las terrazas, disfrutando buen vino y una cena deliciosa. Mis primas, Kirsti y Käarina, son especialistas en preparar ensaladas y platillos exquisitos de los cuales pronto les compartiré algunas recetas. Pan horneado, salmón a las brasas, verduras al vapor y, algo que amo, las tartas de mantequilla… ¡mis favoritas del mundo mundial! Son pequeñitas tartas de masa como quebrada, cuadraditas, rellenas de una “chiclosa” mezcla de mantequilla, miel de maple y pasitas. ¡Adictivas!

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La cabaña de los vecinos, Lisa y Dave, y donde cada año pasamos a comer elotes amarillos.

 

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El vino corre “bonito” durante el verano en el cottage de mi familia… En esta foto, a la izquierda, una pila de tartas de mantequilla que llegaron intactas a la Ciudad de México.

 

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El estilo simple y totalmente escandinavo del cottage me encanta…

 

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De mis momentos favoritos: en una de las terrazas, disfrutando la tarde con vinito y una revista, muy a gusto…

Además de ir a la cabaña, en este viaje pasamos algunos días en la ciudad. Visitamos el zoológico de Toronto, que dicen es el segundo más grande del mundo después del de San Diego. Está increíble, no dejes de visitarlo cuando estés por allá. Y otro día fuimos al acuario de Ripley, también una maravilla. Apenas abrió en 2013, y en verdad vale la pena conocerlo. El túnel de tiburones y mantarrayas es espectacular, y para los niños es el lugar perfecto. Pueden tocar a ciertas especies, jugar al final del recorrido en una zona especial para ellos y meterse a túneles bajo el agua además de muchas otras muchas actividades padrísimas.

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Con “una parte” de la familia (con los demás nos reunimos en el cottage…)

 

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En el zoológico, un área de agua para niños fue lo máximo para los más chicos, especialmente con la temperatura de ¡40 grados centígrados!

 

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Mi parte favorita del zoológico de Toronto: el oso polar. Lo vimos acercarse varias veces y hacer siempre la misma rutina (se echaba de panza, haciendo el “muertito” y al final se zambullía muy, muy chistoso).

 

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Déjenme les cuento: esto que como se llaman “Beaver Tails” o “colas de castor” y son un clásico canadiense. Es una masa en forma de cola de castor, que va horneada y se come con canela y azúcar, o con otros “aderezos” dulces… yo la pedí con Nutella y rebanadas de plátano. ¡Delicioso!

 

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Acabábamos de ver en el cine “Buscando a Dory” y esta visita al acuario de Toronto no pudo ser más atinada…

 

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El recorrido por el túnel es fabuloso, vas sobre una banda que se mueve sola y de repente… ¡cualquier animal puede pasar por encima de ti!

 

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Muchísimos tiburones y peces marinos…

Después del acuario salimos a comer lunch en un restaurante cercano. ¿Les cuento qué fue lo que más me gustó de ese lugar? ¡El menú para bebés! Sí, ya sabes: siempre hay menú para niños, con la clásica rebanada de pizza, nuggets y papas a la francesa… Había olvidado traer comida para Eugenia, así que cuando eso me pasa, suelo pedir algo del menú que pueda compartirle (y por lo tanto, me limito mucho en lo que pido para que no le pique, no esté muy spicy o no sea difícil de masticar…). Pero afortunadamente, en este lugar encontré un menú para mamás de ¡bebés que aún comen con las manos! Un platón de frutas picadas en cubitos de buen tamaño, pechuga de pavo hervida y cortada también en cubitos, queso en cubos y crackers. ¡La mejor idea del mundo! Así que si algún restaurantero o familiar de restaurantero me está leyendo, les sugiero que adopten esta opción en su menú, créanme que las mamás de bebés vamos a regresar muy seguido.

Bueno, las fotos hablan por sí solas. Estos son algunos recuerdos de nuestro viaje familiar. La pasamos increíble y yo pude recargarme de energía familiar canadiense que tanta falta me hacía. Estoy segura de que estos viajes se irán acumulando con mucho cariño en la memoria de mis hijos, tal como sucede conmigo desde hace tiempo.

 

Besos

Cynthia Leppäniemi
Thanks Liisa! Yes, I really really love my visits to Canada and family! Miss you!
November 15, 2016
0
Liisa Heikkila
What a great summary of your time in Canada. Reading it put a smile on my face.
November 10, 2016
0
Ivonne
Muy bonitas las imágenes e instructiva el viaje en palabras y en imágenes. Gracias Cynthia.
October 14, 2016
0
Cynthia Leppäniemi
¡Gracias Lorenza! Gracias por leerme. Espero que me visites muy seguido. Un beso!!!
August 18, 2016
0

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