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Reflexiones cotidianasMaternidad
Una celebración

Un pastel, 35 velitas, un cumpleaños.
Un anillo, un pastel, 35 velitas, un cumpleaños.
Una vida, muchos recuerdos, un día de invierno soleado, un cumpleaños.
Treinta y cinco velitas, treinta y cinco pasteles, un día, un cumpleaños.

Cuando dices “mi cumpleaños” y ese día te pertenece,
Cuando ese día te sientes la persona más especial del mundo,
la más querida, la más amada, la más agradecida.
Cuando sientes que lo tienes todo, que nada falta,
Cuando esperas que haya muchos más de estos.
Cuando despiertas y te sientes “diferente”, y te cantan, y te abrazan,
y la gente que más quieres te llama, o piensa en tí, o te cuida desde el cielo…

Un pastel, 35 velitas, un esposo que te hace reír, que de verdad te ama
(y que se encarga del pastel y de las 35 velitas)
Un pastel, 35 años, un hijo… un hermoso hijo con carita de ángel, con piel de durazno,
con ojos de vikingo, con sonrisa de su padre, con todo tu reflejo.
Un hijo que resume todo, que resume estos primeros 35 años.

Una hoja en blanco, ¡miles de hojas en blanco!
Un cuerpo sano.
Un cumpleaños más, agradecida, bendecida, de gracia.

Un agradecimiento, especialmente a ti, también, por leerme…

 

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