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Reflexiones
Tu postura ante la vida

Hace dos fines de semana fui a un evento organizado por mis amigos de La Roche-Posay, expertos en cuidados de la piel. Estuvo genial porque nos invitaron para platicar de la importancia de cuidar la piel bajo el sol, y después tomamos una clase de yoga con el súper famoso Alejandro Maldonado (con quien, por cierto, ya había tomado hace tiempo una de las clases más memorables de mi vida). El evento estuvo increíble pues estábamos en una terraza en el último piso de un edificio bastante alto, y hubo un desayuno delicioso y un sol de locura. ¡Yoga en las alturas!

 

 

El evento se trataba precisamente de aprender a disfrutar del sol y de las actividades al aire libre, siempre cuidando a la piel con buena protección y buenos filtros, y para eso la marca La Roche-Posay se pinta sola. Me encanta porque tienen una gama completísima de solares que no son el típico bloqueador, sino que hay productos en spray, otros para el rostro con maquillaje incluido (y texturas deliciosas que ni se sienten), brumas para refrescar la piel, y mucho más. Hay de todo, en verdad son productos buenísimos y con presentaciones muy prácticas, y por supuesto la gama es para toda la familia.

 

Además de usar buenos filtros solares, es importante acudir 1 vez al año al dermatólogo y revisar los lunares. Actúa responsablemente frente al sol.

Pero bueno, quiero contarles que la clase de yoga de Alejandro me dejó con una reflexión que quiero compartir aquí. Tenía tiempo sin hacer yoga, y disfruté mucho darme ese espacio en fin de semana. Dejar por unas horas a mi familia y darme ese tiempo para mí. Después de la clase y antes del rico desayuno, platiqué con Alejandro sobre la tranquilidad, porque precisamente durante las posturas que hicimos en su clase nos habló de eso: de cómo podemos aprender a estar tranquilos aún cuando estamos en medio de una situación complicada de la vida.

Lo que se practica con el yoga: la serenidad incluso en los momentos de mayor crisis.

De acuerdo con el yogui, con práctica, es posible respirar tranquilamente incluso en los momentos más difíciles y complejos. La práctica de yoga te enseña, entre mil cosas más, a revisar tu postura: ¿cómo estás parado ante lo que te sucede, lo que te rodea? ¿Qué postura tomas ante las dificultades?

Aquí les dejo la charla que tuve con Alejandro, en exclusiva para ustedes, mis queridas lectoras del blog:

C: Alejandro, ¿cómo practicar la tranquilidad en la vida cotidiana?

A: Hay una verdad absoluta: nos convertimos en lo que más practicamos. Queremos que la tranquilidad nos llegue de sopetón, pero no funciona así. Hay que darse un tiempo todos los días para contemplar algo simple: el sol, el aire, el vaso de agua que me estoy tomando, mi familia; ver que los estoy viendo, darme cuenta de que veo. Las cosas simples relajan profundamente. Para llevar la práctica a un nivel más profundo solo busca un lugar cómodo para relajar las piernas, los pies… El cuerpo a veces deja de tener la confianza de funcionar como debe por tanto estrés que le hemos metido. ¿Cómo va a cumplir con su función si nos tiene miedo?

 

Practicar yoga nos ayuda a observarnos y a reflexionar acerca de la postura que tenemos ante la vida.

C: ¿Por qué nuestro cuerpo tiene miedo?

A: Muchos elementos intervienen: lo que comemos, lo que hacemos, lo que no hacemos, lo que andamos pensando. Todo esto afecta al funcionamiento, a la armonía de nuestro cuerpo. La tranquilidad le regresa esa armonía al cuerpo y a nuestra vida. Pero lograrlo requiere de la práctica. Busca una hamaca, o en el piso, ¡un sillón, si quieres! Busca que cada parte del cuerpo tenga el espacio que necesita para sentirse cómodo, y suéltate, y a través de soltar, poco a poco, el cuerpo retoma la confianza y nosotros también: volvemos a confiar en nuestra personalidad, en nuestra forma de ser. Aprendemos a ser personas más tranquilas, ¡menos azotadas!

C: Pero, ¿cómo vivir tranquilos, no ser azotados? Las noticias: Trump, Monterrey, la economía mundial… hay una preocupación general porque pensamos que 2017 va a ser un año difícil…

A: En gran medida, todo va a depender de nosotros. No es lo que sucede sino cómo nos tomamos lo que sucede, qué hacemos con lo que está sucediendo. Hay una crisis de valores tremenda, es mundial, pero hay que fijarnos en qué nos fijamos, ¿a qué le ponemos atención? Sí, están sucediendo muchas cosas negativas y destructivas en el mundo, pero en gran medida es porque le hemos estado dando fuerza, y de alguna forma contribuimos a que esas cosas pasen porque en colectivo hemos fortalecido ciertos valores. Nos quejamos, pero no hacemos nada. Hay que revisar cómo somos en el día a día, qué queremos proyectar, cómo queremos que nos vean los demás, qué sentimientos despertamos hacia los demás. Por ejemplo, en las redes sociales unos y otros quieren despertar envidia por cómo les va, por cómo se visten, cómo se ven… ¡en qué estamos fijándonos! ¿Qué creemos que es importante? Hay una gran competitividad, la gente compra seguidores, ¡¿qué queremos con todo eso?! Y participamos de ello sin darnos cuenta. Hemos fortalecido esa desigualdad, esa baja autoestima en nosotros y en los demás. Buscamos sentirnos bien haciendo sentir mal al otro, ¡qué onda! Creo que la tristeza de este mundo tiene que ver con que hay poca gente que desea que también le vaya bien a los demás.

 

La actividad física al aire libre te ayuda a liberar tus miedos y a mejorar tu salud. Sólo recuerda cuidarte de los rayos UVB y UVA.

C: Hoy hablamos de cuidarse uno mismo, por dentro y por fuera. Cuéntanos tres cosas que haces diario para cuidarte a ti mismo de la negatividad, de la angustia colectiva. ¿Cómo haces para no dejar de ser tú?

A: En términos físicos, tomo mucha agua. Cuido mi respiración. No me quejo. Si hay una circunstancia que no me parece o me molesta, busco cómo solucionarlo. Es como una postura de yoga: si la postura me está lastimando, reviso si yo estoy mal posicionado, porque muchas veces me molesta lo que tú me estás diciendo pero es porque yo estoy en postura de víctima. Hay que reflexionar: ¿cómo estoy parado frente a ti, mi trabajo, mi relación?, ¿me gusta tirarme al piso? Reviso mi postura en la vida. La práctica de yoga me ayuda a revisar eso. De hecho, las posturas en yoga son secundarias: me divierten, me fortalecen, ayudan a que todo circule, pero lo que es más importante es que me ayudan a que todo circule mejor en mi vida. Dejo de echarle la culpa a los demás, analizo cómo estoy parado ante la situación. Y, finalmente, me río mucho. Cuando algo no me gusta, cuando pasa algo que me duele, me lo cuento a mí mismo con risas. Voy frente al espejo y me cuento lo que me pasó burlándome de mí: “Vino fulano, te dijo esto, y te lo tomaste mal…(jajaja)”. Es súper relajante. Así es como me doy cuenta de en qué me fijo en la vida.

C: Tienes razón, nos falta reírnos más de nosotros mismos, de las cosas que nos suceden…

AM: Sí, nada es taaaaaan serio. Hay cosas delicadas a las que hay que ponerles atención, como hoy que hablamos del cáncer de piel, ¡hay que ponerle atención, no es un chiste el sol! Hay que cuidarse. Estamos muy desinformados porque incluso dentro de un lugar cerrado, a través de las ventanas, se cuela la radiación solar. Es importante prevenir, cuidarnos.

 

Alejandro Maldonado

C. Es verdad. Hay que cuidarnos por fuera y también por dentro, de los malos pensamientos, de estar dándole vuelta a las ideas que nos hacen ruido, de los pensamientos con los que hacemos corajes, y soltar el miedo.

A: Sí, en vez de estar pensando “¿qué me dijo fulano?, no me llamó, no me mandó mensaje”, hay que analizar en qué estamos poniendo nuestra energía. Pregúntate diariamente: ¿en qué me fijé hoy?, porque hay que recordar que cuando le damos mucha atención a algo, le estamos dedicando nuestra vida a eso, ¡y estamos de paso! Me sorprende escuchar amigos, familiares, o compañeros que hacen entripados porque se metieron al Facebook de un conocido y se encontraron cosas que no les gustaron. ¿Para qué le dedicaste todo ese tiempo de tu vida? ¡Estamos de paso! Esto se va a acabar bien rápido…

C:  Ay, sí, eso no me gusta… (que estemos de paso)

A: ¡No!, ¡es bonito! Así es, disfrútalo, valóralo… Estamos de paso. Pensar en eso no me entristece, mejor me ocupo de no tener la cabeza en otras cosas porque sé que estamos de paso, es lo natural. Es fuerte, pero es bonito. Quiero saber qué va a pasar después (de esta vida). Para estos casos, me ayuda mucho recordar a un ser querido que se ha ido, todos tenemos uno. Hace como cuatro años murió mi mejor amigo, tenía mi edad. Y siempre que estoy frente a una circunstancia desafiante pienso qué me diría él, no porque haya sido una persona iluminada, sino porque está en otro nivel de conciencia. Y seguro me diría: “¡ay!, no te atores en eso, síguete, disfruta que se va a acabar, atrévete, hazlo, ve, di, muévete”. Me sirve muchísimo, me encanta verlo así. Cuando me siento confundido, pienso: ¿qué me diría Toño? “¡Sal, ve, no te quedes encerrado, di que sí, vive!!!” No se trata de acumular experiencias sino disfrutar. Sigue viviendo, se va a acabar, disfrútalo, nada es tan en serio, suelta eso, ve a lo otro, ya pasó, viene otra cosa… ¡me encanta!

Con eso nos quedamos, ¡gracias Ale!

Besos,

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