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Actitud
Simplicity…

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Busco la sencillez. En este momento de mi vida, lo que más anhelo es lo simple, lo no complicado; las líneas puras, las expresiones claras y contundentes, el “te amo” concreto y el “me siento bien hoy”. Sencillez en la mente –en las ideas–, sencillez en las instrucciones: claridad en lo que se pide. Sencillez en la forma de vivir, sin que nada sobre, sólo la serenidad.

 

A veces nos abruman las miles de tareas o pendientes que tenemos porque acumulamos exceso de cosas, ideas, prejuicios… y porque nos queremos comer al mundo de un bocado, hacer todo a la vez.

Y en ese anhelo desesperado de atraparlo y conseguirlo todo al mismo tiempo perdemos la simplicidad, la sencillez de las formas; se nos escapa el momento y cubrimos de polvo y días lo que más amamos, lo que nos provoca alegría… perdemos la sencillez.

 

Desde hace tiempo he querido realizar una limpieza total, arrebatada, de mis espacios. Suelo acumular mucho (papeles, papelitos, recortes, revistas, y objetos que “sirven”… a todos menos a mí). Quiero cerrar este año más ligera, con menos cosas en el clóset, en la despensa, en mi escritorio y mis cajones… limpieza de cosas porque busco una limpieza mental. Orden en las cosas, orden en la cabeza… Creo que postergo el orden porque estoy huyendo del espacio puro, de la hoja en blanco que me reta, que me aterra y me excita al mismo tiempo. Quiero volver a escribir algo que me apasione, pero no logro ver por dónde empezar.

 

Como escritor, cuando terminas un libro ya estás pensando en el que sigue. Lo difícil es encontrar un nuevo inicio. Yo tengo la enorme necesidad de arrancarme con algo, algo que me conmueva, que me inspire, que ilumine un nuevo rumbo. Anhelo atrapar un nuevo camino en la imaginación que me transporte por horas, absorta en las ideas y con el único recurso: las palabras. Estoy dispuesta a buscar ese lugar, aunque tenga miedo.

 

Y volviendo a la idea de la simpleza (simplicity suena mejor…), los invito a hacer limpieza de clósets y cajones. Este fin de semana largo se presta para hacerlo, y se acerca el tiempo de ofrecer lo que tenemos y que no usamos a los demás (aunque la caridad debería ser una costumbre de todo el año). No acumules ropa que no usas, ofrécela a quienes están necesitados de abrigo… no acumules comida que después se tira, mejor compártela. No acumules sentimientos de tristeza o enojo, explóralos, vívelos, asúmelos y libéralos… No acumulemos ideas que no nos permiten crecer: escríbelas en un papel y tíralas. Date la oportunidad de tener nuevos inicios, de formatear tantito el chip. Si limpiamos lo que sobra, lo que estorba, podremos disfrutar más y con sencillez lo que está ahí, desde siempre, moviéndonos a vivir de verdad.

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