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Actitud
Para no contagiarse de mal humor

respira-y-fluye

 

Esta mañana mientras llevaba a Bernardo a la escuela volví a ver, como sucede casi todos los días, a un señor bajarse de su auto en pleno tráfico para patearle y mentarle la madre al otro coche. Lo que no deja de sorprenderme es que no hay semana que no me toque ver algo de esto, y últimamente con más frecuencia. De hecho, yo misma me puse de muy mal humor la semana pasada porque hice más tiempo del habitual en un cruce de semáforos que normalmente no es tan complicado. Mi frustración creció y creció conforme pasaban los minutos y veía que nadie tenía(mos) la cabeza para movernos y desatorar el nudo que se había hecho, por el contrario, cada quien veía cómo hacerle para pasar. Y yo sólo me fui enchilando más y más, hasta llegar a ponerme de muy mal humor. Me molesta ver que no tenemos la capacidad de pensar en los demás, pensar en comunidad, y me enoja que siempre vamos manejando “perro contra perro”, como decía mi sabio padre.

En esta ciudad (como seguro en muchas otras) nos falta ser más tolerantes pero, sobre todo, PENSAR EN LOS DEMÁS. Vamos manejando por ahí pensando sólo en nuestros intereses: en llegar a tiempo, en contestar el teléfono o un mail, en salirnos con la nuestra, y no medimos las consecuencias que pueden tener estos actos egoístas y hasta peligrosos.

 

Esta mañana, cuando el del Seat se bajó a patearle el coche al otro me asusté pues yo venía exactamente a su lado y ví tanto coraje en el conductor que llegué a pensar que el señor podría traer consigo un arma o ponerse muy malito en la calle. La gente que pasaba caminando comenzó a voltear y yo preferí avanzar con mi coche, aunque tenía la luz roja y no podía ir muy lejos mientras el semáforo no cambiara. Bernardo venía conmigo y eso me dio mucho miedo, creo que más que miedo, no quise que presenciara tanto mal humor y violencia. Precisamente la semana pasada, mientras yo hacía corajes en el tráfico, me había preguntado: “Mamá, ¿por qué te enojas?, ¿qué pasa?”. Los niños son muy sensibles y perciben el humor de los demás. Le tuve que explicar que estaba enojada, no con él, sino con la señora que venía manejando porque no se estaba fijando…. (bla, bla, bla, una forma muy decente de aterrizar mi enojo).

 

Esta situación me ha hecho pensar qué difícil es mantener la calma y ser paciente, pero como siempre, hay de dos sopas: elegir pasarla bien y hacer que cosas tontas como el tráfico se te resbalen, o elegir engancharte con el mal humor y contagiar a los demás de mala vibra. Es imposible ser perfectos y no enojarse, pero hay que tener medida en el enojo, sobre todo cuando vas al volante, porque un arrebato puede convertirse en un acto involuntario peligroso.

 

Como digo en mi libro, vale la pena apostarle al mundo y asumir una actitud más optimista ante las malas caras y el desánimo de los demás. Ser solidarios y generosos nos hace bien a todos, por eso vale la pena aprender a ver más allá de nuestro bienestar personal y cambiar nuestra actitud por una más positiva. Fluir en el tráfico, poner música y manejar en una vibración mejor.

 

Besos

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