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Reflexiones cotidianas
No me deja dormir pero… ¡la adoro!

Anoche no dormí, como sucede casi cada noche, desde hace tiempo, con Eugenia. Tiene 16 meses, aún la amamanto y aún duerme en nuestro cuarto. He ido descartando las posibles causas de su mal dormir, y me he quedado con dos razones principales y muy probables: primero, que ciertos alimentos (como los lácteos, la carne roja y las legumbres como las habas o las lentejas) le causan gases o ruidos o estreñimiento durante la noche –solo en la noche, casualmente, y no durante su siesta de día–; y segundo, la más probable y evidente razón en mi opinión, y la de mi esposo, el pediatra, y la nana… es que aún duerme en nuestro cuarto. “Los bebés te huelen”, “les causa ansiedad verte ahí y no poder estar contigo”, “te ve y quiere que la saques”…

 

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Fotos: Pepe Castillo. En Eugenia: Pimjolie. Pulseras: Handmade with Love y Tiffany.

Yo también creo en estas frases que no dejan de repetirme mis amigas con quienes platico lo que pasa. Es cierto: cuando entro al cuarto de noche, si Eugenia está durmiendo, parece como si un sexto sentido muy suyo la despertara para informarle que ahí estoy, que he entrado al cuarto y debe comenzar a gritarme y llorar para que la cargue y le de pecho. Le pertenezco, ¿no? También es cierto que cuando despierta a media noche y no estoy en la habitación, puedo dejarla llorar un minuto y ella, al no verme ahí, se calma y regresa a dormirse –como si me perdonara no estar a la redonda, y como si se “guardara” su mejor show para cuando yo regrese. Pero, ¡aguas cuando estoy adentro del cuarto! Si despierta y me ve ahí, y ve que no hago nada para ir con ella, o por el contrario, si ve que me levanto de la cama y cambio el rumbo hacia el baño o la puerta, el grito de angustia, enojo y frustración de la bebé es el más agudo y sonoro, capaz de despertar a cualquiera en todo el edificio.

Vamos a mudarnos pronto de casa, y tengo la confianza de que una vez que Eugenia tenga su cuarto propio (desde pequeñas, las mujeres necesitamos ese cuarto propio…), las cosas tendrán que cambiar. Sé que serán, al principio, días difíciles para las dos porque nada le va a gustar verse sola. Y yo también la voy a extrañar y seguro voy a sufrir cuando la escuche llorar en su cuarto, sola por primera vez. Pero creo que voy a disfrutar más el ya no tenerla en la misma habitación. Nos ha secuestrado nuestro cuarto: mi esposo y yo hasta tenemos “miedo” de entrar en la noche y que nos “cache”, que nos descubra y nos empiece a gritar para que la arrullemos. La televisión de nuestro cuarto tiene meses sin usarse (tal vez, una de las pocas buenas consecuencias de todo esto…), y ni les digo nuestra vida amorosa. Un desastre. No es falta de creatividad, es también el agotamiento. Han sido meses de mal dormir, los dos, pero especialmente yo que desde los últimos meses del embarazo y hasta el día de hoy, no he vuelto a dormir esas 7 horas corridas, ininterrumpidas y felices que tanto añoro.

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Hay algo, por supuesto, que me anima y que me da vitalidad; es una “magia” de la Naturaleza y de la increíble conexión entre una madre y su hijo. Y esa niña que puedo llegar a alucinar por las noches es también mi vitamina, la energía que me sustenta. Es increíble cuánta pila puede inyectarme al día siguiente, a las 7 de la mañana y después de una noche del terror. Con solo verla y ver cómo me sonríe y me alza los brazos para que la cargue, me despierto. Y es esa gran sonrisa y amor que se le desbordan al estar en mi regazo, tomando el pecho, mientras me mira coqueta de reojo, como asegurándose de que estamos ahí, en su lugar y su momento favoritos: ella y yo, solas, íntimas, eternas. No lo sabe, pero yo sí, y ese momento sublime está por escaparse de nuestra existencia, y quedará lejano a su conciencia. Sólo yo habré de recordarlo y, estoy segura, será con mucha nostalgia y hasta cierta melancolía o tristeza.

 

Estoy enamorada, y no sé si sea una pena que el objeto de mi enamoramiento no sea mi esposo. Es esta niña de 16 meses la que me trae embobada. Mi estado actual es la clásica descripción de una víctima del enamoramiento: poco sueño o insomnio, sentimientos de rencor y amor dirigidos hacia la misma persona, y una enorme vitalidad con sólo pensar en ese ser que despierta tanto amor. Con solo mirarla se me cae la baba, ¡no tiene sentido! Estoy embobada. Cualquier tontería que hace me parece la cosa más perfecta, la más increíble; estoy enceguecida: todo lo que ella hace es digno de foto y de contarse. Sí, estoy enamorada de mi pequeña hija Eugenia. Y aunque no me deja dormir nada, aunque soy casi un zombie gracias a ella, no dejo de sentirme profundamente agradecida con la Vida por esta hermosa bendición de 10 kilogramos con pestañas como alas de mariposa. La amo. Y un día la amaré más, cuando me deje dormir…

 

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Fotos: Pepe Castillo. Ropa Eugenia: Pimjolie. Pulseras: Handmade With Love y Tiffany.

Cynthia Leppäniemi
Mary, creo que sí me acuerdo cuánto duró tu insomnio y me da miedo!!! jajaja... Pero si sobreviviste a eso, seguro yo también podré! jaja. Te mando más besos y otros a la bellísima Emma.
September 14, 2016
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María Marquina
AJAJJAJAAJ, te leo y me acuerdo de mi... mejor no te cuento cuánto mas duró mi insomnio... sigue feliz y llena de enamoramiento... les mando besos!!
September 14, 2016
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