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Maternidad
Escuelas que abrazan, escuelas que rechazan…
escuelas
“Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella del camino enseñado”.

Madre Teresa de Calcuta*

 

Les cuento que estamos en esto de elegir escuela para nuestro hijo. Han sido días muy intensos – entre otras cosas porque yo soy intensa, me queda claro también. Sé que sería más sencillo si el sistema educativo en México fuera como en Canadá, por ejemplo, donde los niños acuden a las escuelas que están cerca de sus casas, y donde todas las escuelas tienen el mismo buen nivel académico en todo el país… además de que no cuestan nada pues se pagan con los impuestos de los canadienses. Pero ya sabemos cómo son las cosas aquí en México, y uno como papá tiene muchas opciones de dónde escoger (lo cual a veces hace más difícil la decisión).

 

Desde hace un año, Vic y yo habíamos elegido qué escuela queríamos para nuestro hijo. En ese entonces no hubo cupo, pero decidimos inscribir a Bernardo en un kínder con el mismo sistema para que se fuera adaptando, antes de entrar, al colegio “de mis sueños”. Pero ayer rechazaron nuestra solicitud (y me rompieron el corazón)…

 

… y creo saber cuáles fueron las posibles razones. Primero, sólo había 15 lugares disponibles (era un volado)… segundo, y el punto en el que me he clavado, es que Bernardo no fue muy obediente en la “mañana de observación”. Cuando lo fui a recoger, estaba llorando, de esos llantos manipuladores que una bien reconoce. Y cuando pregunté cómo le había ido, me dijeron directamente: “No quiso hacer nada de lo que le pedimos”… Me fui muy enojada, enojada con Bernardo (pobre) porque según yo era lo único que a él le tocaba hacer: mostrar su mejor cara y enamorar a las maestras con sus encantos. Pero Bernardo no hizo nada mal, simplemente se mostró tal cual es… en sus días “malos”: necio y voluntarioso, y no obedece a nada de lo que le piden…

Nuevamente la vida, a través de la experiencia de ser madre, me está dando la misma lección de siempre (y que por lo visto aún no aprendo): que no puedo controlarlo todo, mucho menos a mi hijo, ni la vida que a él le toca vivir…

 

Confieso que hasta hoy había estado muy enojada y triste, pero he descubierto que este enojo y esta lección es mía; que era yo quien se había aferrado a ese colegio sin considerar la posibilidad de que tal vez no fuera el adecuado para él. Y no porque Bernardo no estuviera a la altura del mismo, yo creo que lo está, sino porque en esa escuela, como descubro ahora, no están dispuestos a trabajar con niños como él, o porque ni siquiera tienen un proceso de selección más “real” – ¿podemos decir cómo es un niño con sólo verlo actuar dos horas, en un ambiente desconocido para él y con gente extraña? No todos los niños son iguales, y creo que en aquel lugar que tanto idealicé, buscan niños similares entre sí.

 

Lo que Vic y yo sólo deseamos es encontrar la escuela que lo abrace (me gustaría decir “embrace”, como se dice en inglés, que significa acoger, abrazar, recibir). Una escuela que esté dispuesta a trabajar con niños de distintos caracteres, que no etiquete a partir de 120, 60 o 15 minutos de observación.

 

Hoy estoy más tranquila y feliz porque en otra escuela la valoración que nos dio la psicóloga fue muy buena: nos describieron a Bernardo tal cual es, “en las buenas y en las malas”, con habilidades y “áreas de oportunidad” como todo niño, y le dieron la bienvenida. Y lo que mi esposo y yo nos preguntamos ahora es: “¿y sí es esta la escuela para él?”. Porque hoy ya entiendo que somos nosotros quienes debemos escoger bien la escuela, no la escuela a los niños, y elegir aquella que nos ayude a sacar lo mejor de nuestro hijo, a potenciar sus habilidades, y a encauzar sus “áreas de oportunidad”. “Bernardo es un niño muy inteligente”, nos han dicho en muchos lugares, y sabemos que la inteligencia puede ser un arma de dos filos, pero bien encaminada puede convertirse en una gran herramienta para la vida. Sí, mi hijo no es el más obediente, se distrae fácilmente y reta mucho –como casi todo niño de 3 años, ¿verdad María?­­-, pero también es un niño feliz, seguro y hábil, y estará en la escuela que lo acepte tal cual es, sin cambiarlo, y ayudándolo a llegar a ser “la mejor versión de sí mismo”.

Y tú, ¿cómo escogiste escuela para tus hijos? ¿Qué experiencias has tenido?

Besos

*Gracias Elly por tu cariño hacia Bernardo, y hacia mí.

 

 

 

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