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Maternidad
En la espera de un segundo bebé

Esto escribí cuando esperaba a #babyEugenia… aquí se los comparto.

 

Es muy poco lo que he escrito acerca de mi segundo embarazo. Me hace sentir culpable porque con Bernardo escribía a cada rato. No es que no lo considere especial, al contrario, he estado muy emotiva y agradecida por esta nueva bendición que me hace sentir tan afortunada. Más bien creo que me está pasando lo que “auguraban” muchas otras mamás que tienen dos o más hijos: con el segundo embarazo te tomas menos fotos de tu panza, e incluso del segundo bebé no tomas tantas fotos como hiciste con el primero… Es cierto, en tu segundo embarazo estás tan ocupada con tu primer hijo que no tienes el mismo tiempo para documentar todo lo que te está sucediendo, ni tienes la misma energía, ni el tiempo que tenías en tu primer embarazo. Por ejemplo, cada domingo me propongo que el lunes siguiente me voy a ir a inscribir a la yoga prenatal pero eso aún no sucede…

 

Tengo más de 7 meses embarazada y este tiempo se me ha ido volando. En efecto, hay muy pocas fotos de mi nueva panza, los días se me van haciendo miles de cosas, tratando de “alistarme” para “lo que viene” – porque eso sí, a diferencia del primer embarazo, en el segundo sí tienes una mejor idea de lo que está por venir, ¡multiplicado por dos y al cuadrado! Y tal vez es ese deseo de poner todo en orden, de estar súper mega organizada y lista antes de que llegue el bebé, lo que hace que se me vayan los días resolviendo cosas urgentes, sin darme espacio para contemplar de vez en cuando mi estado, esta segunda espera…

 

Por supuesto, también me la paso muy ocupada con Bernardo, a quien no dejo de tomarle fotos y videos todos los días… Y es que no deja de caérseme la baba con sus graciosadas, las de todo niño de 4 años, inquieto y despierto como él. Me baila, me mueve las caderas y las pompitas, me cierra los ojos, habla como “monstruo” y dice las cosas más cómicas del mundo (según yo). Es la edad en la que los niños son tan ocurrentes, tan simpáticos y divertidos, que olvido darme el tiempo para registrar el crecimiento de mi panza y, sobre todo, de mis propias emociones respecto a este segundo bebé que está en camino.

 

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Sin embargo, no hay noche ni mañana en que no toque mi vientre y agradezca a mi bebé sus movimientos, su compañía de cada día. Cuando Bernardo o Victor no están en casa, cuando ando sola en el coche o hago mis cosas, sólo somos mi bebé y yo… Entonces pienso que está por venir una etapa mágica y encantadora, intensa y hormonal, emocional y profunda… Llegarán los primeros días, esos en los que empiezas a conocer a tu nuevo bebé. Otra vez esa intimidad y conexión única entre una madre y su cachorro, para quien eres 100% indispensable. Alimentarlo, nutrir su cuerpo y sus emociones sólo de mí, de mis abrazos, mi tacto, la temperatura de mi cuerpo, mi estado de ánimo, mi pecho… eso que viene, que ya viví una primera vez, me entusiasma.

 

Y aunque “sospecho” lo que está por venir (las desveladas, el caos en casa, los malos humores por la falta de sueño, etc sumado a un primer hijo que también te necesita y que estará seguramente celoso y resentido con esta nueva presencia), tengo mucha curiosidad de ver cómo voy a responder esta segunda vez a la maternidad de los primeros meses, y cómo va a responderme este nuevo bebé, pues yo no soy la misma de hace casi 5 años. Con Bernardo he aprendido muchas cosas, por eso creo que seré menos aprehensiva, que disfrutaré con más plenitud cada momento, sabiendo que nada es permanente (ni las desveladas, ni las fiebres, ni los llantos sin razón aparente). Y quizá porque ahora sé que es el último bebé que tendré en brazos, es que estoy dispuesta a disfrutar cada momento demandante con una actitud más relajada y menos dramática.

El primer hijo te enseña de qué estás hecha, el segundo te reafirma.

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El primer hijo te reta, te muestra hasta dónde eres capaz de llegar por un amor tan maravilloso; con el segundo hijo, creo, disfrutas más ese reto. Y estoy pensando en esas tantas noches de desvelo que tuve con Bernardo, a quien nunca dejé llorar en la cuna y a quien acompañé cada noche hasta que se quedara dormido, incluso si llegaba la primera luz de la mañana… esas noches de terrible cansancio en las que yo misma quería salir corriendo porque sentía que ni mi cuerpo ni mi mente serían capaces de seguir soportando tal agotamiento y que ahora recuerdo con otra perspectiva.

Sí, le tengo miedo al cansancio, a ese límite (físico y emocional) al que te lleva un bebé en su primer año de vida

 

Le tengo miedo a sentirme tan exhausta que crea que me voy a volver loca, de nuevo. Pero por otro lado, estoy entusiasmada por volver a vivir la maternidad de los primeros meses, porque casi 5 años después reconozco cuánto valió la pena hacerlo a mí manera, con tanta intensidad. Hoy veo a Bernardo tan feliz y tan seguro de sí mismo que me siento orgullosa, y estoy segura de que este segundo bebé vendrá a darnos aún más alegrías y una relación invaluable para mi hijo: la de hermanos. ¡Bebé, cuánto te deseo!

 

Besos

 

 

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