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Actitud
El año nuevo que ya empezó

¿Lo pueden creer? Es increíble que 2016 ya lleva más de 10 días. Para mí, el año nuevo empezó en forma hasta hoy, cuando por fin todo volvió a la rutina: Bernardo se fue al colegio, la señora que me ayuda en la limpieza regresó de sus vacaciones y el bautizo de mi hija ya pasó este sábado por lo que ya puedo olvidarme de ese pendiente y retomar mis actividades cotidianas. También, hoy quitamos todos los adornos de Navidad y aunque siento que mi casa se ve un poco vacía (pura percepción pues, en realidad, sigo teniendo muchas cosas… pero ya hablaremos de ese tema), la verdad es que también me hacía falta quitar el árbol y las decoraciones para darle carpetazo al 2015.

Sin embargo, he de confesarles que tenía muchas expectativas para hoy, para este reinicio de año. Quería retomar mi rutina al 100 y se me olvida que con un bebé en casa eso es bastante complicado. Últimamente, desde que Eugenia cumplió 6 meses, llora y se despierta varias veces en las noches. Sigo averiguando la razón: ¿serán los dientes?, ¿será la ablactación?, ¿será que la papaya le cayó mal?, ¿será el miedo a la separación?… ¿será todo eso, junto? Un montón de dudas me invaden, y aunque sé que es una etapa pasajera, la verdad me siento muy agotada porque ha habido noches súper pesadas, como ayer que no dormí mucho. Por eso, hoy no pude arrancar el día sino hasta la una de la tarde cuando por fin logré que Eugenia hiciera su primera siesta… Y, ¿cuáles eran mis expectativas para hoy? Además de quitar el árbol, quería ir a la tintorería, al súper a comprar todo para empezar una alimentación más sana y semi detox, meter dos tandas de ropa en la lavadora, limpiar mi bandeja de mails que está saturada, contestar dos correos muy importantes, empezar a hacer anotaciones en mi agenda nueva y comenzar a organizar el año… Y mientras les escribo esto me doy cuenta de que eran demasiadas expectativas para un solo día. Me dijo Vic hace un rato: “Con quitar el árbol ya era más que suficiente”, mientras yo lloraba un poco por el agotamiento y la frustración de no haber hecho más cosas que “sólo” haber quitado la Navidad de la casa…

Sí, es verdad que una debe ser realista en cuanto a sus expectativas si no quiere vivir la vida eternamente frustrada.

Así que aunque hoy no pude hacer todo lo que pensaba hacer, me he preparado un té de manzanilla y luego de esta breve catarsis decido cambiar mi actitud y pensar que mañana será otro día y que, si me pongo metas más realistas, es probable que logre sentirme más relajada. Quizá mañana pueda empezar a anotar en mi agenda los planes que tengo (aunque en sí no pueda empezar mañana mismo con ninguno de ellos). Tal como una amiga me sugirió hace poco, haré mis anotaciones con lápiz para darle a la agenda mayor flexibilidad, pues ¡vaya que necesito flexibilidad con una bebé de 8 meses! (Y con o sin bebé, hay que aprender a ser flexibles…).

Y esta reflexión me lleva a otra: un año nuevo sí es la oportunidad de un nuevo inicio pero si no somos realistas, si no tomamos en cuenta nuestras circunstancias y, sobre todo, si no somos condescendientes con nosotras mismas, nos la pasaremos perdiendo batallas inútilmente. Por ahí escuchaba, hablando de los propósitos de año nuevo, que es mejor intentar cambiar la forma en que resolvemos algunas cosas o modificar pequeños hábitos, que proponerse grandes metas. Por ejemplo, en lugar de decir “este año voy a bajar 10 kilos” es mejor proponerse algo como: “diariamente comeré una manzana y dos porciones más de verduras”, ó en lugar de decir “este año seré más ordenada” mejor proponerse “los lunes voy a dedicarle 10 minutos a limpiar mi escritorio”. ¿Cómo lo ves? ¿Qué opinas? ¿Cómo inició tu año? ¿Tus metas para este año son realistas? ¿Qué esperas de 2016? ¡Escríbeme!

Besos,

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