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Maternidad
Dos razones para celebrar

Celebrar que Bernardo cumple dos años me trae a la mente tantos recuerdos que ni parece que llevara con nosotros apenas 24 meses. Es increíble ver cuántas memorias tenemos juntos y cuán bien lo conocemos ahora; qué bien definida tiene su personalidad hasta el día de hoy. Sé que los hijos van cambiando, evolucionando, madurando, pero estoy segura, con mi poca referencia como madre, de que hay una esencia o rasgos característicos de su personalidad que no cambiarán nunca (creo que los psicólogos le llaman “temperamento”… ¿o carácter?). Lo que sea, voy viendo y descubriendo cómo será Bernardo -cómo ya es- y puedo decir que adoro a este niño, que me hace reír mucho, que tiene muchas puntadas simpáticas y que sabe muy bien lo que quiere (por las noches, si despierta de madrugada y voy a su cuna, me dice murmurando y con voz muy bajita “al sillón mami”… para que nos sentemos y lo arrulle).

 

 

Hijo, feliz cumpleaños. Hoy hace dos años vivimos tu papá y yo un día espectacular. Para mí, uno de los más intensos –física y emocionalmente hablando– y uno de los más felices y satisfactorios. Agradezco a Dios que seas un niño tan sano, pues la salud es tu mayor bendición.

Hace unas horas, mientras preparaba el pastel de cumpleaños para la fiesta de mañana, me di cuenta de cuán afortunada soy porque estoy viviendo mi sueño, lo que tanto deseaba. Tengo un hijo maravilloso y una vida que me llena, con sus altas y bajas claro está, pero llena de diversión.

 

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La vida nos da, casi todos los días, razones para celebrar.

 

Y aunque algunas celebraciones son más “grandiosas” que otras, yo creo que es posible encontrar en lo cotidiano motivos para celebrar la vida y lo que ésta nos ofrece en cada momento específico de nuestra existencia. Ahora me toca celebrar los dos años de mi hijo, y quiero vivirlo profundamente, disfrutarlo (sin sufrirlo… por eso desde ahora queda listo el pastel, los cupcakes y las gelatinas…). Disfruto estas celebraciones para recargar pila y gozar la vida, porque en efecto entre una y otra suelen colarse días no tan divertidos, más bien intensos o a veces muy nublados, y este tipo de pequeñas celebraciones nos ayudan a recordar que hay mil razones para sentir agradecimiento, para voltear y mirar todo lo que nos rodea (recuerdos, personas, cariños, sueños hechos realidad). Mi gran tesoro es esta pequeña familia que Bernardo vino a completar. Ya somos tres (espero que pronto seamos más…) y agradezco a la vida esta hermosa oportunidad de ser mamá y de gozar cada instante al lado de mi pequeño tesoro.

 

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¡Felicidades hijo!

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