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Reflexiones cotidianas
Días de rush y cafeína

¡Hola! Mi día empezó hoy desde las 5 am. Sé perfecto que sería muy bueno si así fuera siempre, pero en verdad no soy una morning person, me cuesta muchísimo despertar tan temprano. Sin embargo, cada vez me convenzo más de que es necesario que le robe más horas a mi día, porque la lista de cosas por hacer es interminable.

Ayer en una hora me eché con Bernardo su disfraz de Flash para el carnaval de hoy en su escuela. Me rehusaba a hacerlo (porque tenía mil cosas qué hacer) pero al ver los precios en MercadoLibre y en Party City (560 y 850 pesos, respectivamente) me negué a gastar en eso mi dinero. Además, le iba a invertir más tiempo en ir a comprarlo que si le robaba una hora a mi tarde “libre” (libre porque es el día en que viene la nana y me ayuda con los niños para que yo pueda trabajar). En efecto, con ayuda de Pinterest y de Bernardo (a quien se le ocurrió la brillante idea de voltear una de sus camisetas rojas, cortarle la etiqueta y pegarle al frente el rayo de Flash), logré resolver el tema del mentado disfraz en una hora, y la verdad es que mi hijo y yo quedamos más que felices con el resultado. Tuve suerte de contar entre mis chácharas justo con fieltro rojo y amarillo (¡así o más suerte!), y Ber con sus botas de lluvia amarillas, una pijama roja que también se puso al revés, y un estuche de hilos y agujas bien surtido.

 

Mi Flash, mi cafeína, el que me trae al tope…

 

Y así, hoy muy temprano Bernardo se caracterizó de Flash y yo parece que también me caractericé, de Mamá de Flash, porque desde que se subió al camión del colegio no he parado (me estoy sentando hasta ahorita solo para escribir este post). Barrí la calle, regué el jardín, limpié las suciedades del perro, le di de desayunar a Eugenia, hice lunch y la llevé a la escuela, fui al gimnasio (de eso tengo que contarles en otro post), compré el super para la comida de hoy, y llegando a casa, con café en mano y lista para ponerme productiva frente a la compu, ¡zas! se descompuso la cadena del portón eléctrico y ni pa atrás ni pa delante. En lugar de ponerme a llorar como lo habría hecho otro día, busqué resolver el asunto y continuar con la energía a tope.

 

Alguien quiere ser como Flash…

 

Tal vez sí fue la cafeína + la dopamina que mi cuerpo produjo con el ejercicio + el rush de tener que atender mil bomberazos en la chamba + la adrenalina que tantas urgencias juntas te provocan lo que me mantienen vigorizada y con una extraña pero muy buena actitud. Jajaja. Yo, que escribí un libro sobre la actitud y la felicidad, experimento hoy mucho de lo que aprendí cuando lo escribía. Digamos que hoy es de esos días en que te das cuenta de que tu actitud es el único escudo que tienes para sortear estrés y situaciones inesperadas, y aún así seguir dándole buena cara al día. Justo antes de que se descompusiera el portón me estaba diciendo “qué padre está el día, hoy vamos a comer en el jardín” y enseguida se descompuso la cadena y no pude meter mi coche al garage. Mi auto sigue afuera, yo sigo esperando al técnico mientras trabajo y mando mails y resuelvo estas urgencias que van saliendo en el trabajo, y sigo viendo la cuenta regresiva del reloj que es mi verdadero verdugo (porque a la 1 pm en punto debo salir corriendo a recoger a Eugenia y asegurarme de estar de regreso antes de la 1:40 pm para recibir a Bernardo). Y sigo feliz, pensando que “hasta eso” me gusta mi vida (no todos los días me siento tan optimista) y creyendo que todo esto vale la pena: sonreírle al día, tal como esté, porque así como está está bien, porque no estamos en un hospital ni atendiendo verdaderas emergencias o sufriendo carencias. Somos afortunados, todos, pero la mayor fortuna radica en poder apreciar lo que se tiene y no enfocar la energía –y el corazón– en lo que hace falta. La vida es breve, se va como de rayo (Flash day, jaja) así que mejor ponerle buena cara, ¿no lo creen?

 

¡Feliz viernes!

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