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ReflexionesActitud
¡Buenos días, agosto!

Tenía la intención de publicar este post el viernes pasado, 01 de agosto, ¡y miren!… el mes ya lleva cinco días y sigue avanzando… Justo el viernes, mientras caminaba para recoger a Bernardo de su último día de curso de verano (¡sí, ya se acabó!), pensaba en lo rápido que se me había ido el mes de julio. Sentí cómo se me había escapado de las manos, como si julio hubiera sido un invitado a mi fiesta y yo ni siquiera me hubiera acercado a darle la bienvenida, a ofrecerle algo o a platicar con él… Y es que las últimas tres semanas me la pasé sentada en la compu trabajando, mismas que duró el curso de mi hijo y por eso me sorprende tanto que se hayan ido tan rápido. Entonces sentí “penita” por no haberme dado tiempo para disfrutar julio, por haber dejado que el mes llegara y se fuera frente a mis narices y se escurriera sin que yo lo hubiera hecho un poco más mío. ¿Y a qué me refiero con eso? Pues a pasar más ratos de contemplación, de no hacer nada más que mirar pasar el tiempo en lugar de correr todo el día sin poner atención al momento. Lo que muchos llaman mindfulness o vivir el momento presente. Yo misma he escrito sobre el tema (en mi libro, y en algunos artículos) pero al parecer me cuesta trabajo poner en práctica mis propios consejos…

 

El mindfulness o la atención plena tiene su origen en el budismo y en la idea de poner todos nuestros sentidos (nuestra atención al cien) en el momento presente. Si bien la mejor manera de practicarlo es a través de la meditación, existen muchas formas de estar presentes haciendo pausas en medio del ritmo cotidiano. Para mí, una de las formas favoritas de practicar la conciencia plena es por medio de la escritura, pero existen muchas formas más: salir a caminar, hacer ejercicio, sentarse a contemplar la tarde con una copa de vino, relajarse frente al mar, leer un buen libro, compartir un café con una amiga…

 

Entonces pensé que aunque tenga muchas cosas que hacer, no volvería a permitir que un mes del año se me escapara de las manos sin haberle prestado atención. Y creando nuevos ritos es como le doy sentido a mis días, y para mí cada mes es especial. Sobre todo porque al final del año, en diciembre, querré recordar cada mes con “sus cosas”, y julio ha sido, sin duda, un mes de lluvia, de días en casa, de mucho trabajo (y no me quejo, lo agradezco) y de pocos días fuera, a diferencia de otros años. Sin embargo, lo agradezco. Y mirando fotos, como las que aquí les comparto, descubro que mi verano ha estado lleno de días sencillos pero amables, buenos, agradables, en compañía de mi hijo principalmente, y con algunas pequeñas escapadas (como el fin de semana a Puebla para la graduación de mi sobrina) o las visitas a museos, los juegos de mesa o los desayunos en casa en familia, en piyama.

 

Con este post, entonces, despido julio y le doy la bienvenida a agosto… Veamos qué sigue (¡sé que vienen unos días de playa y el cumpleaños de Bernardo!). El mes tiene muchos días y hay que ver cómo los aprovechamos. ¿Tú qué planes tienes?

 

Un beso

 

P.D. En unos días nos daremos un break y nos iremos a la playa… ¡eso me encanta! Nuevamente, los clichés o ideas muy clavadas, pero para mí, el verano es sinónimo de playa, calor, alberca y relax… Pero bueno, ya sea en la playa o en el “roof garden” (la azotea) de tu casa, darse espacios para disfrutar el verano es fundamental. ¡Aún no se acaba el verano, disfrútalo!

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