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Reflexiones
5 minutos de slow down…

¡Me urgía escribir!!!! Decirles que me siento fatal porque dejé pasar tantos días sin escribirles y había hecho la promesa de hacerlo con más frecuencia. GRACIAS a los que vuelven, no dejen de hacerlo, o al menos escriban y díganme en qué andan, qué recetas quieren ver o cómo está el mood y la actitud últimamente.

 

La razón de tanta ausencia es que, afortunadamente, he tenido muchísimo trabajo escribiendo artículos para revistas (espero que pronto los lean, ¡les aviso!), y eso sumado a la lista de tareas cotidianas me ha dejado sin respiro. Pero ahora que estoy a punto de darle send a otra entrega más me doy cuenta de que me hacía falta darme un break, estos 5 o 10 minutos para desconectarme de lo que estoy escribiendo (de Navidad, sí, ¡ya toca en editorial tener la mente en eso!).

 

Y pensé: ¿de qué les hablo en mi blog, con tantos temas que traigo en mente? Porque con Bernardo han pasado muuuchas cosas, ¡es tremendo a veces!, y en la cocina ya tengo nuevas recetas pero las fotos aún no las tengo listas, y estoy leyendo cosas nuevas… ¡uff! Otra vez me iba a tener que dejar para después un nuevo post…

 

Así que me puse a ver fotos, para ver qué subía aquí, y encontré estas de mi verano. Y me di cuenta de que ver fotos es una de esas cosas que me funcionan muy bien como terapia de relajación y para practicar el Mindfulness o conciencia plena. Lo curioso es que –y lo pienso mientras lo escribo– la conciencia plena se trata de aprender a estar 100% presente en el momento, con toda tu atención y tus sentidos, haciendo a un lado el pasado o el futuro que sólo abruman tu mente… y creo que ver fotos parece, precisamente, ¡todo lo contrario! Sin embargo, la conciencia plena tiene que ver con escuchar a tu mente y detectar lo que ronda en ella: qué pensamientos, temores, miedos, dudas te atormentan; qué emociones hay, si te sientes ansiosa, triste, enojada, lo que sea… ver fotos no es irse al pasado sino, como bien dice el dicho popular, es volver a vivir y también es detenerse, mirar, callar la mente.

 

En ese sentido, al ponerme a ver estas fotos y escribir este post le pude bajar tantito al ritmo acelerado en el que estaba, aunque fuera por un momentito (porque tengo que seguir escribiendo mis artículos) y también pude detenerme y recordar qué es lo importante en mi vida y qué no lo es: no es importante eso que me enojó hace un momento con un cliente, tampoco el email que recibí con “tono” (según yo) demandante o agresivo, ni que mi hijo esta tarde haya estado especialmente “rebelde”… lo importante es que tengo una vida llena de bendiciones, que en el cuarto de al lado están mis dos amores, y que justo en este momento puedo ir a decirles cuánto los quiero…

 

Nos vemos pronto… ¡regresen!

Un beso,

 

 

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